México, vanguardia de los derechos laborales

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La Jornada

MARATH BARUCH BOLAÑOS LÓPEZ/ Secretario del Trabajo y Previsión Social

A lo largo de los últimos años hemos sido testigos de una transformación profunda de las dinámicas laborales en todo el mundo, impulsada por los desarrollos tecnológicos más recientes. Frente a ello, tenemos el deber político y moral de imaginar y construir normativas vanguardistas que protejan los derechos de las trabajadoras y los trabajadores y, al mismo tiempo, no asfixien las nuevas formas y fuentes de empleo.

En este sentido, resulta trascendental que el pasado viernes 12 de junio, en su 114 reunión y tras dos años de negociación, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), organismo tripartita (gobiernos, empleadores y trabajadores) de Naciones Unidas, especializado en la promoción de la justicia social y el trabajo decente, haya adoptado el Convenio sobre el trabajo decente en la economía de plataformas, un sector en el que según estimaciones del Banco Mundial trabajan cerca de 435 millones de personas en todo el mundo.

Este es un suceso histórico por varias razones. En primer lugar, porque se trata del primer instrumento internacional dedicado al trabajo decente en plataformas digitales: nunca antes se había alcanzado un acuerdo de esta naturaleza para proteger los derechos laborales de las y los trabajadores del sector. En segundo lugar, porque, en seguimiento a la agenda laboral de la presidenta Claudia Sheinbaum, México tuvo un papel protagónico en su construcción, lo que refrenda su posición como país a la vanguardia de los derechos laborales.

La negociación, hay que decirlo, no fue sencilla. Había posiciones profundamente distantes entre el grupo de los empleadores y el grupo de los trabajadores. Además, los gobiernos estaban divididos en dos bloques: uno partidario de un convenio lo más protector posible (anclado en el texto técnico elaborado por la propia OIT, con disposiciones detalladas sobre el impacto de los sistemas automatizados y algorítmicos, la seguridad y salud en el trabajo, la violencia y el acoso, la clasificación de la situación en el empleo y la protección frente a la suspensión o desactivación de cuentas) y otro inclinado por un instrumento de menor exigencia. México encabezó destacadamente la defensa del primer bloque no sólo como portavoz del grupo gubernamental latinoamericano y del Caribe, sino como un puente técnico y político que nos permitió liderar en los debates las visiones más progresistas como las de la Unión Europea, el bloque africano y Australia entre otros.

Que un instrumento de esta complejidad técnica se haya acordado mediante una metodología de diálogo tripartito (gobiernos, empleadores y trabajadores), singular en el sistema multilateral, adquiere especial relevancia en un momento de crisis de legitimidad de las instituciones y de tensión sobre el multilateralismo. Que

México haya jugado un papel primordial en hacerlo posible lo posiciona como un país soberano, con plena capacidad de impulsar la reducción de las brechas de desigualdad desde una visión del Sur, precisamente cuando se ponen a prueba en todos los frentes visiones opuestas de desarrollo frente a los retos de la tecnología en el mundo del trabajo.

La actuación de la delegación mexicana, que tuve el honor de encabezar por instrucción de la presidenta Claudia Sheinbaum, partió de la convicción de que la justicia social exige no dejar a nadie atrás. El resultado, que es coherente con los principios que orientan la transformación de la vida pública de México, proyecta a nuestro país como referente internacional en política laboral y como puente entre el Norte y el Sur globales en la defensa de los derechos humanos y de las personas trabajadoras, en un momento en que estas visiones se ponen a prueba en todos los frentes.

Para México, este convenio representa un respaldo internacional a los avances incorporados recientemente en la Ley Federal del Trabajo en materia de plataformas digitales, y confirma que las leyes y políticas impulsadas por los gobiernos de la transformación pueden erigirse en modelos a escala mundial. O para decirlo de otra forma: confirma que la primavera de los derechos laborales que vive México empieza a convertirse en un ejemplo para otros países.

Foto: MARATH BARUCH BOLAÑOS LÓPEZ

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