Susana Quiñones: “Un buen líder debe alejarse del ruido de este tiempo, porque las prisas simplifican la realidad y las soluciones”

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Aceprensa

Su vida profesional ha estado relacionada con el emprendimiento, la inversión, la dirección, la empresa internacional, la experiencia multicultural y el retail. Empezó a levantar su currículo en Estados Unidos. Después pasó por la central de Decathlon, por Eroski, por Textura. Deporte, alimentación, moda, textil hogar. Francia, Alemania, Italia o Japón. Ha combinado grandes grupos con proyectos a escala. Tradición y manejo de startups. Madurez e innovación.

Hace siete años bajó las revoluciones de su perfil ejecutivo para enfocar su siguiente round a la parte más humana de la locomotora empresarial. Es evidente que una empresa no es una oenegé, pero tampoco puede ser una máquina de quemar personas, ecosistemas, principios éticos o pilares básicos de la convivencia social.

Un pasado de alta velocidad. Un presente masticando el futuro. Desde el epicentro del tajo y con galones de dirección, gestión e innovación. Con background y perspectiva, dándole vueltas a la noria del liderazgo consolidado de entretiempo y poniendo las tildes sobre la cultura en valores.

Aprovechamos su paso por Madrid para ponernos de color salmón mirando a contracorriente.

— Después de un currículo intenso, variado y multifactorial relacionado con la empresa, la economía y el futuro, ¿cómo ves el panorama empresarial mundial en 2024, con la pandemia todavía viva por el retrovisor, las guerras y esta incertidumbre financiera crónica que ya es contexto estable?

— El mundo de la empresa se ha acelerado y el paradigma nos va a cambiar. Hace años formábamos parte de un universo menos interconectado y teníamos la sensación de que competíamos en una especie de juegos finitos y que dominábamos un poco lo que sucedería en el futuro. Esa idea era una falacia de base, pero nos ayudaba a sobrellevar todos los planes y las estrategias. Sin embargo, la realidad era otra.

Hoy todo cambia a toda velocidad y en todo momento. Como sociedad, vivimos inmersos en varias crisis paralelas. Una de ellas tiene que ver con el capitalismo, que es un sistema económico que vive un nivel de agotamiento importante. Si a ese escenario de multicrisis le añadimos el potencial cambiante de los avances tecnológicos y la variabilidad permanente de la situación geopolítica, entenderemos que la estabilidad que nos ha permitido planificar en los últimos cincuenta años ha saltado por los aires. Todo esto afecta directamente a la formación de los líderes empresariales, porque no hemos preparado a la generación que llevará las riendas de nuestra próxima realidad.

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