Los derechos laborales del futbolista

Loading Agregar a favoritos
El Financiero

Ciro Murayama

En parte porque son vistos como millonarios célebres —unos cuantos sí lo son— y por el extendido desprecio hacia las organizaciones laborales —69 por ciento de los mexicanos tiene una opinión negativa sobre los sindicatos, de acuerdo con el Latinobarómetro—, no se suele reparar en que los futbolistas profesionales son, ante todo, trabajadores con derechos, entre ellos el de asociarse como gremio.

El contraste entre las condiciones laborales de los futbolistas mexicanos respecto a los españoles, por ejemplo, mucho dice de la distancia entre la calidad de ambas ligas profesionales. Veamos.

Cuando España salía de la dictadura franquista, a fines de los años setenta, los futbolistas profesionales no cotizaban a la seguridad social, podían ser retenidos por sus clubes si les subían el 10 por ciento del salario y los jugadores de los equipos filiales no eran considerados profesionales, así que trabajaban sin pago ni derechos.

Como ocurre en la historia de toda conquista laboral, hubo trabajadores que se organizaron y lucharon. Por ejemplo, Vicente del Bosque, como jugador del Real Madrid, formó el primer comité de huelga de la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), que realizó cuatro huelgas entre 1979 y 1984 para conseguir, en 1985, que se publicara en el Boletín Oficial del Estado el real decreto que regula la relación laboral de los deportistas profesionales en España.

Así, desde hace décadas, existe un convenio colectivo de trabajo, firmado por los patrones, la Liga Nacional de Futbol Profesional y el sindicato de futbolistas.

Ahí se regula, entre otras cosas, la jornada, el horario, el descanso y las vacaciones de los jugadores.

También se establecen las condiciones económicas, que incluyen la prima por fichaje, prima por partido, sueldo mensual y pagos extraordinarios.

Existe una retribución mínima que hoy alcanza los 195 mil euros brutos anuales (3.9 millones de pesos) en primera división, 98 mil en segunda división y 23 mil en tercera.

Además, se estipula un fondo de garantía salarial para que los clubes en problemas económicos no dejen de pagar a los jugadores.

La AFE tiene entre sus dirigentes a Iker Casillas y aglutina a 15 mil futbolistas profesionales.

Pero que exista un convenio no implica que cesen los conflictos: apenas a inicios de este año los jugadores hicieron “huelgas” de 15 segundos sin tocar el balón al arrancar cada partido, en protesta contra la intención de llevar encuentros de liga a Estados Unidos.

La Liga denunció a los futbolistas, pero la Audiencia Nacional consideró legal la protesta y todo el torneo se jugó en estadios españoles.

En las cinco grandes ligas del futbol profesional (la inglesa, española, francesa, alemana e italiana) existen sindicatos que formalmente representan a los jugadores ante los dueños de los clubes.

La protección laboral tiene sentido, más que para las grandes estrellas, para los miles de trabajadores con carreras breves, expuestas a lesiones, a quienes militan en las ligas inferiores desde donde se nutre la millonaria industria del entretenimiento del futbol.

Muy distinto es el panorama en México. Aunque se reconoce la libertad sindical y la Ley Federal del Trabajo menciona a los deportistas profesionales, por décadas los derechos laborales de los futbolistas han sido ignorados.

La Asociación Nacional de Jugadores Profesionales fue efímera a inicio de los 70 y la década siguiente el equipo León despidió a los jugadores que fueron a huelga en protesta por la retención de salarios.

Algo similar había pasado con la Asociación Nacional de Beisbolistas, dirigida entre otros por Ramón El Abulón Hernández, quienes fueron apartados arbitrariamente del deporte.

En los 90, los directivos del balompié nacional le sugirieron al técnico nacional, Miguel Mejía Barón, excluir a Hugo Sánchez y Jorge Campos, entre otros seleccionados, de la Copa América de 1993 por oponerse a la compra-venta de jugadores entre clubes sin el consentimiento del futbolista.

Por años, además, se practicó con descaro el mal llamado “pacto entre caballeros”, con el que los directivos vetaban a todo jugador que se contrataba libremente para ejercer su profesión.

A la fecha, existe la Asociación Mexicana de Futbolistas Profesionales, pero no es titular de un contrato colectivo debidamente registrado ante las autoridades laborales.

Futbol en México: otro terreno donde el incumplimiento de la ley y las prácticas corruptas impiden el desarrollo del deporte y la industria.

Foto: IMER Noticias

Loading Agregar a favoritos
Jorge SalesLos derechos laborales del futbolista