Juan Jesús Garza Onofre y Josefina Olvera

Los abogados de México cuentan un chiste que, como todo en la profesión, lo deja a uno con la duda de si lo apropiado sería reír o llorar: de todo lo que uno aprende en la carrera de Derecho, la mitad se olvida y la otra mitad se reforma. El problema es que, como también suele pasar en el gremio, uno nunca sabe dónde termina la hipérbole bromista y dónde
empieza la descripción de la realidad. Y es que, en nuestro país, la Constitución cambia tanto y con tanta frecuencia que la teoría y la práctica que uno aprende como estudiante de leyes con frecuencia queda obsoleta para cuando uno por fin obtiene el título que otorga el dudoso
honor de poder ostentarse como licenciado en Derecho.
Educados según un modelo de enseñanza del derecho constitucional que se basa en la memorización de leyes y en la exaltación de dogmas arcaicos, quienes practican la profesión jurídica en México transitan entre una maraña de absurdos rituales que resulta incomprensible para quienes no han sido iniciados en la arcana abogadil. Estas tradiciones son
producto de la costumbre y sus inercias, pero sobreviven porque sirven a los intereses del gremio: gracias a ellas, quienes pasaron por una facultad de Derecho terminan por monopolizar los alcances de esta disciplina, a tal grado que tanto gobernantes como gobernados con frecuencia prefieren desentenderse de todo lo que apeste a legalidad y mejor dejarse guiar por la arbitrariedad. Nuestro orden constitucional resulta tan imprevisible y
remoto que parecería que los propios abogados, antes que fomentar conductas rectas y actitudes apegadas a derecho, buscan aprovecharse de este caos: al convertir al derecho en un laberinto cuyo mapa sólo conocen los iniciados en el arte de creerse indispensables e inventar incentivos para que la gente prefiera ahorrarse el tránsito por el laberinto y se vaya
por la libre.
Con más de 2500 escuelas de Derecho en todo el país —la carrera de leyes sigue siendo una de las que tiene mayor demanda entre los jóvenes mexicanos— la obtención de un título de abogado resulta un mero trámite. A la hora de la verdad, importa muy poco que las instituciones educativas se tomen en serio la tarea de certificar que sus graduados posean los conocimientos, habilidades y valores que sus profesores intentan transmitirles durante un puñado de años de estudio, pues en un mercado profesional tan vasto siempre existirá alguien dispuesto a distorsionar cualquier norma en favor de sus propios intereses o de
aquéllos de sus clientes. Bien decía Miguel Ángel Granados Chapa que, para ser abogado, sólo hace falta inscribirse y no morirse.
La reforma judicial no sólo afecta a los jueces, magistrados y ministros. Afecta a los estudiantes que, a pesar de todo, aún soñaban con hacer justicia. A todos los integrantes del Poder Judicial. Afecta a los litigantes y a sus clientes, quienes no sólo se enfrentarán a jueces locales con enormes carencias y deficiencias, sino también contra jueces federales, magistrados e incluso ministros que ni siquiera comprenden sobre qué resuelven.
También a las personas pasando por un proceso penal. A todos los involucrados en un concurso mercantil, desde la transnacional hasta el trabajador a punto de jubilarse. Afectará a quien levante la voz contra el gobierno. Ante las represalias, ¿quién se atreverá a
conceder un amparo? La reforma prevé un tribunal de disciplina cuya función será revisar que los jueces se comporten. ¿Quién se atreverá a fallar en contra del gobierno? En la Suprema Corte ya no se reunirán los suficientes votos para frenar la aplicación de leyes inconstitucionales, ya sea por forma o por fondo. Una misma fuerza política detenta el poder
sufciente para modifcar la Constitución a su antojo. ¿Prisión preventiva oficiosa para todos los delitos? Si así lo quieren, va. Ya no hay Poder Judicial autónomo que los frene.
Las cosas empeoraron a pasos agigantados. Un día se propuso la reforma, en la siguiente mañanera el presidente la empeoró, después eso se incluyó la propuesta. Durante semanas, nada tiene sentido y los estudiantes platicamos sobre el tema con lágrimas en los ojos y respiración entrecortada. Vemos a las y los consejeros del INE debatir durante horas
la cuestión de la sobrerrepresentación. La victoria del partido no sorprendió a nadie. Días después, el Tribunal Electoral confirma la resolución. El proyecto lo presenta tu profesor de derecho constitucional, la ironía enfurece. Las reformas son inminentes.
Fotos: Nexos
Los abogados- un talón de Aquiles
La reforma judicial que sacudioì a los estudiantes

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