La presidenta de México envió al Congreso dos iniciativas que reconfiguran de manera profunda la arquitectura del tiempo de trabajo: una reforma al artículo 123 constitucional y un proyecto de modificación a la Ley Federal del Trabajo (LFT) que establecen la reducción de la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales, acompañada de dos días de descanso por cada cinco laborados.
Sin embargo, uno de los puntos más relevantes —y menos discutidos— es que la reforma abre la puerta a jornadas diarias de hasta 12 horas, siempre que se respete el límite semanal de 40 horas y se adopten esquemas de distribución flexible, tal como se desprende del análisis de la iniciativa secundaria.

El giro estructural: de una jornada rígida a un modelo flexible de distribución del tiempo
Aunque la Constitución fijaría el nuevo estándar de 40 horas semanales y dos días de descanso, no establece un límite explícito a la jornada diaria. Esto deja a la legislación secundaria el diseño concreto de cómo distribuir ese tiempo.
La iniciativa de reforma a la LFT confirma esa interpretación:
- Permite que la jornada ordinaria se organice con amplia flexibilidad, incluyendo esquemas donde el reparto semanal no sea uniforme.
- Retoma modelos internacionales —como Chile y partes de Europa— donde se permite trabajar hasta 10 o 12 horas por día, siempre que el promedio semanal no supere la jornada legal.
- Prevé que la jornada pueda distribuirse en ciclos de varias semanas, manteniendo el tope de 40 horas por semana en promedio.
Esto abre un escenario en el que podría ser legal una semana con tres o cuatro días de trabajo de hasta 12 horas, acompañados de descansos ampliados, tal como ocurre en modelos 4×3 (cuatro días de trabajo por tres de descanso).
Aunque la iniciativa no fija expresamente el número máximo de horas por día, su estructura y referentes comparados permiten jornadas largas en días concentrados, siempre que se respete el total semanal y se garantice el descanso adecuado.
Un cambio inspirado en tendencias globales: mayor productividad con menos semanas, no con menos horas al día
La exposición de motivos incorpora un extenso análisis comparado que muestra cómo distintos países han flexibilizado la jornada diaria mientras reducen la semanal:
- Chile: permite jornadas de hasta 10 horas diarias, combinadas con semanas promedio de 40 horas.
- España y Francia: los convenios y los sistemas de compensación (RTT) permiten días muy largos a cambio de días completos de descanso.
- Alemania: los esquemas 100-80-100 se basan en concentrar el tiempo laboral en menos días, no en limitar estrictamente las horas por día.
La propia iniciativa lo señala: los modelos exitosos reducen el total de horas semanales, pero mantienen flexibilidad para adaptar la jornada diaria a las necesidades productivas y personales.
Salud y conciliación: el argumento central sigue siendo el bienestar, pero con “tiempo concentrado”
El Gobierno sostiene que México es uno de los países con mayor exposición a riesgos asociados a jornadas extensas:
- Los mexicanos trabajan 2,124 horas al año, muy por encima del promedio de la OCDE.
- Jornadas superiores a 50–55 horas semanales incrementan hasta 35% el riesgo de infarto cerebral y 17% el de cardiopatía isquémica, según la OMS y la OIT.
Paradójicamente, la evidencia internacional citada por la propia iniciativa señala que la reducción de la carga semanal no exige limitar la jornada diaria, sino más bien equilibrar el tiempo de trabajo con descansos suficientes.
En otras palabras, el bienestar no se logra prohibiendo días largos, sino asegurando:
- Menores horas totales por semana;
- Descansos adecuados;
- Flexibilidad negociada;
- Autonomía en la gestión del tiempo.
Impacto de género: menos semanas intensas, pero días potencialmente más largos
La iniciativa subraya que las mujeres mexicanas enfrentan 25.8 horas adicionales por semana de trabajo no remunerado respecto de los hombres. La reducción semanal podría mejorar su participación laboral; sin embargo, los modelos de jornadas concentradas pueden representar un reto adicional si no van acompañados de medidas de conciliación, como las “bandas horarias” previstas en la LFT para madres y padres trabajadores.
Conclusión: una reforma histórica… que redefine el sentido de “jornada”
El mensaje político de la reforma es claro: México transita hacia estándares internacionales de bienestar, reduce su semana laboral y amplía los descansos.
Pero el mensaje técnico es aún más profundo: la “jornada” deja de ser un límite diario para convertirse en un marco semanal, dentro del cual las partes —empresa y trabajadores— podrán pactar jornadas diarias más largas, incluso de hasta doce horas, a cambio de más días de descanso.
Este modelo, ya vigente en numerosos países, plantea ventajas en productividad y conciliación, pero exigirá negociación colectiva, rediseño operativo y criterios claros de inspección laboral para evitar abusos y garantizar el equilibrio entre flexibilidad y salud.
La discusión pública apenas comienza, pero el alcance real de la reforma dependerá menos del número “40” y más de cómo se distribuya ese tiempo.
Fotos: Noticias Radiorama, Cuartoscuro

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