Implicaciones laborales y administrativas de dos casos recientes en México
En días recientes, dos nombres han vuelto a ocupar espacio en la conversación pública por una razón peculiar: su resistencia jurídica y política a dejar el cargo público.
Se trata de José Antonio Romero Tellaeche, exdirector del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), y de Marx Arriaga, exdirector de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública (SEP).
Ambos han sido señalados por intentar mantenerse en funciones —o impugnar su salida— más allá del momento político o administrativo en que se determinó su relevo.
Más allá del debate ideológico, el fenómeno merece un análisis estrictamente laboral y jurídico.
I. El trasfondo: ¿cargo público o relación laboral?
En México, no todo servidor público es “trabajador tradicional”en sentido laboral, ya que en la alta burocracia se carece del derecho de estabilidad en el empleo.
Aquí está el primer punto técnico clave:
• Los altos mandos y cargos de dirección suelen tener un nombramiento administrativo, no un contrato laboral ordinario.
• Su permanencia depende de la confianza política o institucional.
• En la mayoría de los casos, la remoción es discrecional y no requiere acreditar causa laboral.
Esto significa que la figura jurídica no es la de “despido injustificado” en términos clásicos de la Ley Federal del Trabajo.
En el caso de organismos como el CIDE —entidad pública con régimen especial— el director general es designado conforme a su estatuto orgánico y normativa interna, no bajo un esquema sindical o laboral tradicional.
II. El fenómeno: judicialización de la remoción
Cuando un funcionario “se aferra a la chamba”, normalmente recurre a:
1.Juicio de amparo
2.Impugnaciones administrativas
3.Alegatos sobre violaciones al debido proceso
4.Reclamos por afectación a derechos políticos o académicos
Esto abre una discusión más amplia:
¿Hasta qué punto un cargo de confianza puede judicializar su permanencia?
La tendencia reciente muestra que cada vez más funcionarios públicos utilizan herramientas jurídicas para extender su permanencia o cuestionar su salida.
III. Implicaciones laborales: tres riesgos sistémicos
1. Confusión entre estabilidad laboral y confianza política
El derecho laboral protege la estabilidad en el empleo.
Pero el servicio público de alto nivel opera bajo lógica distinta: confianza y designación discrecional.
Equiparar ambos regímenes puede generar:
• Litigios innecesarios
• Incertidumbre institucional
• Paralización administrativa
2. Precedentes que afectan a organismos autónomos
En entidades como el CIDE, donde existe una delicada relación entre autonomía académica y gobierno institucional, la prolongación litigiosa de un cargo puede:
• Dañar gobernanza interna
• Fragmentar comunidades académicas
• Convertir diferencias políticas en conflictos laborales
3. Incentivo a la “litigiosidad estratégica”
Si los tribunales admiten sistemáticamente estos recursos como vía para prolongar el encargo, podría generarse:
• Incentivo para judicializar cualquier relevo
• Sobrecarga del Poder Judicial
• Desnaturalización del concepto de cargo de confianza
IV. ¿Existe un derecho a “aferrarse”?
Desde el punto de vista estrictamente técnico:
• No existe un derecho absoluto a la permanencia en cargos de alta dirección pública.
• Sí existe derecho al debido proceso.
• Sí puede existir derecho a que se respete el procedimiento establecido en la norma que rige el nombramiento.
V. Un síntoma mayor: precarización política del servicio público
Paradójicamente, el fenómeno también revela algo más profundo:
En México, muchos cargos públicos:
• Carecen de reglas claras de remoción.
• No tienen periodos blindados.
• Dependen excesivamente de coyunturas políticas.
Cuando no hay reglas claras, el conflicto termina resolviéndose en tribunales.
Desde una perspectiva laboral estratégica, este fenómeno deja tres lecciones para el sector público y privado:
1.Claridad contractual importa.
Si el nombramiento no define duración, causas y procedimiento de remoción, el conflicto es inevitable.
2.La confianza no es estabilidad.
En cargos de dirección, la lógica es distinta a la del trabajador subordinado.
3.La judicialización es el nuevo campo de batalla laboral.
Incluso fuera del ámbito sindical o empresarial, el derecho laboral y administrativo se ha convertido en herramienta de disputa política.
Conclusión
El “aferrarse a la chamba” no es un fenómeno aislado ni anecdótico. Es un síntoma de:
• Ambigüedad normativa
• Judicialización creciente
• Tensiones entre autonomía institucional y control político
Para los expertos en derecho laboral y administración pública, el mensaje es claro:
En la nueva arquitectura institucional mexicana, la frontera entre estabilidad laboral y confianza política es cada vez más delgada —y cada vez más litigiosa.
Si esta tendencia continúa, veremos más casos donde el cargo público no termina con la notificación de remoción, sino con una sentencia judicial.
Y eso redefine —para bien o para mal— la cultura laboral del sector público mexicano.

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