México ha tenido un avance indiscutible en salario mínimo y en reducción de pobreza laboral, pero ese avance convive con un deterioro en la composición y calidad del empleo.
El salario mínimo ha crecido como pocas veces en la historia reciente, pero el mercado laboral mexicano muestra una paradoja: hay más personas trabajando, mientras aumenta la concentración en bajos ingresos, la informalidad sigue dominando y se reduce el empleo con prestaciones.
México puede presumir una tasa de desempleo extraordinariamente baja y una recuperación importante del poder adquisitivo del salario mínimo. También hay resultados sociales que deben reconocerse: para el segundo trimestre de 2026, la pobreza laboral se redujo a 31.9%, frente a 35% un año antes, y la población ocupada superó los 60 millones de personas.
El problema aparece cuando dejamos de preguntar cuántos trabajan y preguntamos cómo trabajan y cuánto ganan.
Los datos del INEGI son especialmente reveladores. En 2015 había alrededor de 7.45 millones de personas ocupadas que percibían hasta un salario mínimo. Para el segundo trimestre de 2026 son 27.7 millones. Es decir, el número se ha multiplicado por más de 3.7 veces. El fenómeno se aprecia con particular claridad en la gráfica elaborada con datos de INEGI que acompaña este análisis.
Población (millones) con hasta 1 SM

El dato requiere una precisión importante: no significa que 27.7 millones de mexicanos hayan sufrido una reducción nominal de su salario. El salario mínimo ha aumentado fuertemente y, al elevarse el umbral estadístico con el que se clasifican los ingresos, una parte creciente de los trabajadores queda comprendida dentro de la categoría “hasta un salario mínimo”. Pero precisamente ahí reside parte de la paradoja: el salario mínimo ha avanzado más rápidamente que buena parte de la estructura salarial, comprimiendo la distribución de los ingresos laborales alrededor de ese piso. Los tabulados de INEGI muestran que, en el segundo trimestre de 2026, otros 18.97 millones se encontraban entre uno y dos salarios mínimos.
Dicho de otra manera: subió notablemente el piso, pero el edificio salarial no necesariamente subió al mismo ritmo.
La segunda señal de precarización está en las prestaciones. Entre diciembre de 2025 y agosto de 2026, el trabajo subordinado con prestaciones disminuyó en 370,159 personas, mientras que el trabajo sin prestaciones aumentó en 205,788. En el mismo periodo, la ocupación informal acumuló 420,168 personas adicionales.
Y el dato publicado este fin de semana resulta todavía más ilustrativo: entre agosto de 2025 y agosto de 2026 se incorporaron cerca de 1.2 millones de personas a la ocupación, pero 66% de ese crecimiento ocurrió en la informalidad y sólo 34% en la formalidad.
Así, México llega a una situación aparentemente contradictoria: 60.7 millones de personas ocupadas, pero alrededor de 33.4 millones trabajando en la informalidad.
Esto no invalida los aumentos al salario mínimo. Por el contrario, la evidencia disponible indica que han tenido efectos positivos sobre los ingresos de millones de trabajadores y la propia STPS reporta que el incremento de 2026 benefició directamente a 6.4 millones de trabajadores sin encontrar un efecto negativo sobre la estabilidad del empleo formal analizado.
Pero también demuestra los límites de una política laboral apoyada predominantemente en elevar el piso salarial.
El verdadero reto ya no es solamente subir el salario mínimo: es conseguir que el mercado genere suficientes empleos formales, productivos, con prestaciones y con salarios que puedan despegarse del mínimo.
Foto: Infobae
*English version
Minimum wage and job quality
Mexico has made undeniable progress in the minimum wage and in reducing working poverty, but this progress coexists with a deterioration in the composition and quality of employment.
The minimum wage has grown at a rate rarely seen in recent history, but the Mexican labor market presents a paradox: more people are working, while the concentration of low-income earners is increasing, informality continues to dominate, and employment with benefits is declining.
Mexico can boast an extraordinarily low unemployment rate and a significant recovery in the purchasing power of the minimum wage. There are also social outcomes that must be acknowledged: by the second quarter of 2016, working poverty had fallen to 31.9%, compared to 35% a year earlier, and the employed population exceeded 60 million people.
The problem arises when we stop asking how many people work and instead ask how they work and how much they earn.
The INEGI data is particularly revealing. In 2015, there were approximately 7.45 million employed people earning up to the minimum wage. By the second quarter of 2026, the figure is 27.7 million. That is, the number has increased more than 3.7 times. This phenomenon is particularly clear in the graph prepared with INEGI data that accompanies this analysis.

This figure requires an important clarification: it does not mean that 27.7 million Mexicans have experienced a nominal reduction in their wages. The minimum wage has increased significantly, and as the statistical threshold for classifying income has risen, a growing number of workers fall into the “up to one minimum wage” category. But therein lies part of the paradox: the minimum wage has increased more rapidly than much of the wage structure, compressing the distribution of labor income around that floor. INEGI’s data shows that, in the second quarter of 2026, another 18.97 million people were earning between one and two minimum wages.
In other words: the floor has risen considerably, but the wage structure has not necessarily risen at the same rate.
The second sign of increasing precarity lies in benefits. Between December 2025 and August 2026, salaried employment with benefits decreased by 370,159 people, while employment without benefits increased by 205,788. During the same period, informal employment grew by an additional 420,168 people.
And the data published this past weekend is even more illustrative: between August 2025 and August 2026, approximately 1.2 million people entered the workforce, but 66% of that growth occurred in the informal sector and only 34% in the formal sector.
Thus, Mexico arrives at a seemingly contradictory situation: 60.7 million people employed, but around 33.4 million working in the informal sector.
This does not invalidate the increases in the minimum wage. On the contrary, the available evidence indicates that these measures have had positive effects on the income of millions of workers, and the STPS itself reports that the 2026 increase directly benefited 6.4 million workers without finding a negative effect on the stability of formal employment.
But it also demonstrates the limitations of a labor policy based primarily on raising the minimum wage.
The real challenge is no longer just raising the minimum wage: it is getting the market to generate enough formal, productive jobs with benefits and wages that can rise above the minimum.

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