Un mercado laboral de pleno empleo precario e informal.
La tasa de desocupación en México se encuentra en mínimos sexenales, prácticamente, el país tiene una situación de pleno empleo, pero eso no es garantía de que dichos trabajos sean lo que se considera “decente”. Dos características del empleo decente son que se trate de empleo formal y bien remunerado rasgos que lamentablemente en México aún se encuentran en niveles alarmantes.
Como muestra la gráfica 1 la tasa de desocupación es de 2.8% es decir que el 97.2% de la población tiene trabajo.

Con estos datos tan seductores, conviene detenerse a pensar ¿qué tipo de trabajo tienen los mexicanos? Lo primero que vale la pena mencionar es que más de la mitad de esos mexicanos (54.5%) tienen empleo informal (sin seguridad social, sin prestaciones y sin contrato). Este indicador no tuvo un movimiento significativo en todo el sexenio ya que en el 2018 era del 56.6% es decir se redujo 2.1%; en otras palabras, en todo el sexenio salieron de la informalidad solo 1 millón doscientas mil personas; ello se puede apreciar en la gráfica 2.

El otro indicador alarmante es la pobreza laboral; una situación en la que el ingreso laboral de un hogar no es suficiente para alimentar a todos sus miembros. Hogares en pobreza laboral pueden lograr alimentarse a partir de ingresos no laborales como remesas, transferencias o acceso a programas sociales. Al iniciar el sexenio dicho índice arrojaba el 38.5% de la población nacional en pobreza laboral (50 millones) y al terminar esta administración el índice se sitúa en 35.8% (47 millones) es decir en seis años salieron 3 millones de personas de la pobreza laboral que a nivel mundial según datos de la Organización internacional del Trabajo es de 5.8% Gráfica 3.


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