Legislar en hegemonía: el espejismo de la hiperproducción normativa en el primer año del nuevo régimen

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El primer año de gobierno de Claudia Sheinbaum ha dejado una huella estadística que, a primera vista, podría parecer un éxito incuestionable: tasas históricas de aprobación presidencial, un Congreso hiperactivo y una agenda laboral omnipresente. Sin embargo, cuando se cruzan los datos del Ejecutivo con los del Congreso, emerge una paradoja que define al régimen: nunca se había legislado tanto y nunca había importado tan poco la deliberación. Estamos ante el funcionamiento típico de un régimen con centro hegemónico del poder, donde la cantidad sustituye al debate y la alineación reemplaza al contrapeso.

I. Un Ejecutivo con bateo perfecto en un Congreso saturado

Los datos del Ejecutivo son contundentes:

En tan sólo 2024-2025, la presidenta logró una tasa de aprobación del 92.19 % de sus iniciativas, el nivel más alto desde el año 2000, muy por encima de lo logrado durante los sexenios completos de Fox, Calderón, Peña Nieto y López Obrador . En materia laboral propuso 7 iniciativas, se aprobaron 5 es decir que el índice de bateo fue del: 71.42 %

Lo anterior no significa que las dos propuestas aún no aprobadas hayan sido rechazadas; nos referimos a las iniciativas de reformas a la Ley Federal del Trabajo y a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, ambas en materia de la reducción de jornada; las famosas 40 horas que por falta de tiempo no han sido aprobadas pero que nadie duda ocurrirá en el próximo periodo ordinario de sesiones. A partir de estos datos, pareciera inminente que la Presidente propone y el Congreso dispone la aprobación.

II. Un Congreso que produce miles de iniciativas… y casi ninguna ley

Aquí es donde aparece la distorsión hegemónica. Esto significa que el 96.9 % de las iniciativas del Congreso mueren sin dictamen ni votación. Así el Congreso se ha convertido en un espacio de expresión política, no de decisión normativa. El verdadero proceso legislativo ocurre en el Ejecutivo; el resto es ruido.

III. El laboratorio laboral: hiperactividad sin dirección

En materia laboral, la inflación legislativa es aún más clara.

En el Senado:

  • 97 iniciativas laborales
  • Morena presentó 47.4 %
  • PAN 19.6 %, MC 11.3 %, PRI 10.3 %

En Diputados:

  • 142 iniciativas laborales
  • Morena 35.2 %
  • MC 16.9 %, PAN 12 %, PVEM 11.3 %, PT 9.8 %

¿Sobre qué presentaron iniciativas? El patrón es clarísimo: Licencias, permisos, maternidad, paternidad, menstruación, cuidados, violencia de género, salud mental y conciliación vida-trabajo. Es decir: derechos sociales simbólicamente potentes, fiscalmente dispersos y políticamente seguros.

IV. La lógica del régimen: derechos sin sistema

Cuando se cruzan ambos archivos, la arquitectura real del modelo denota lo siguiente:

  1. El Ejecutivo define qué sí pasa.
  2. El Congreso produce cientos de propuestas que no llegan a ley.
  3. El derecho laboral se usa como lenguaje político de legitimación.

V. Hegemonía: rapidez sin responsabilidad

El régimen actual ha resuelto el viejo problema de la parálisis legislativa. Pero lo ha hecho sustituyéndolo por otro: la evaporación del debate, en un Congreso donde: 5,036 iniciativas producen 160 leyes y el 90 % de lo que importa viene del Ejecutivo la deliberación deja de ser necesaria y cuando la deliberación desaparece se corre el riesgo de que el derecho laboral se transforma y ya no equilibra capital y trabajo, sino que legitima al poder.

Conclusión

México vive un momento de hiperproducción normativa con hiperconcentración política. El derecho laboral es su escenario favorito porque ofrece legitimidad social inmediata. Pero sin priorización, sin evaluación de impacto y sin fortalecimiento institucional, el resultado no será justicia laboral: será inflación regulatoria, más conflicto y más informalidad. La hegemonía acelera las leyes.

 

 

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