Jorge Sales Boyoli
Hace algunas semanas, el gobierno federal destacó que las y los trabajadores viven, desde 2019, una “Primavera Laboral”, presentando los avances alcanzados en materia de empleo, salarios, derechos laborales y bienestar social; en efecto, hay resultados laborales donde no deben regatearse los logros obtenidos; por ejemplo, las bajas tasas de desempleo con su cara no tan bonita de la rampante informalidad; la recuperación real del salario mínimo, el incremento en vacaciones o la reducción de la jornada.
El uso de la palabra “primavera” para describir momentos históricos es una metáfora política y social muy poderosa. Evoca la idea de que, después de un largo “invierno” de opresión, inmovilidad o crisis, surge un periodo de renovación, esperanza y transformación. Sin embargo, la historia también muestra que muchas “primaveras” terminan en desencanto, represión o cambios incompletos. Generalmente, el término se utiliza cuando coinciden varios elementos, como un despertar de la sociedad civil, demandas de libertad, democracia o derechos, movilizaciones amplias y relativamente espontáneas o la expectativa de inaugurar una nueva etapa histórica; acepción esta última (cambio de época) más acorde a los tiempos laborales que vive nuestro país.
Sin embargo, evocando aquella canción setentera, parece que “el sol no nace para todos” en esta primavera laboral; los sindicatos afrontan retos complejos, entre ellos me referiré a uno en concreto: las bajas tasas de afiliación sindical mexicanas y de su principal socio comercial, todo ello asumiendo que las tasas de afiliación no capturan por completo la influencia de sindicatos, pero siguen siendo indicadores útiles de su representatividad.
Las tasas de afiliación sindical a nivel mundial han ido, en general, a la baja, como lo demuestran los datos públicos emitidos por cada país, por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Esta úllos tima organización publicó recientemente en este sentido el documento denominado “Afiliación a sindicatos y organizaciones de empleadores, y cobertura de la negociación colectiva: se mantiene, pero pierde terreno” (Actualizado el 10 de diciembre de 2025), que entre sus hallazgos clave enumera: “La afiliación sindical continúa disminuyendo en toda la OCDE. Según los datos más recientes de la base OECD/AIAS ICTWSS, la densidad sindical se ha reducido a la mitad desde 1985, pasando de 30% a 15% en 2023/24. Esta caída ha sido generalizada”.
Ahora bien, si nos centramos en las tasas de afiliación sindical de México y de Estados Unidos, se aprecia una baja en la afiliación sindical en los últimos quince años, aunque la caída en Estados Unidos es mayor en número de trabajadores y en México es marginal. Estas diferencias deben observarse a la luz de las asimetrías de los dos mercados laborales y su tamaño (por ejemplo, el tamaño de la informalidad en México, sector en el que no hay sindicatos). Es interesante reflexionar en torno a algunas de las posibles causas de este posible otoño sindical; por ejemplo, cambios generacionales en la fuerza laboral y el desencanto que los sindicatos provocan en los jóvenes (pregúntele a alguno qué palabra le viene a la cabeza cuando oye la palabra sindicato). Pero aparte de las peculiaridades mencionadas, también operan tendencias de fondo; una es la migración de empleos a sectores donde los sindicatos tienen menos fuerza, como las plataformas digitales, el comercio minorista o los servicios profesionales. Otra es que los cambios de empleo son más frecuentes, y el trabajador que pasa pocos años en una misma empresa saca menos partido al pago de las cuotas. Mención aparte merece la irrupción de la Inteligencia Artificial y el rol de los sindicatos, lo que da sin duda para otra reflexión, pero, aunque es doloroso escribirlo e injusto generalizar, muchos sindicatos no gozan de la mejor reputación y eso los hace poco atractivos; con una tasa de afiliación baja, los sindicatos han nutrido sus ingresos con variadas fuentes de financiación política y económica, difuminadas por la opacidad de sus cuentas. La opinión pública ya no cree tan fácilmente que los sindicatos estén de su mismo lado simplemente porque así lo digan.
Finalmente, hay un futuro esperanzador… Las estaciones son cíclicas; si hay otoño, habrá invierno y vendrá la primavera; también en lo sindical, que será finalmente la prueba de la reforma laboral del 2019.

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