Regreso a clases complica traslados y pone a prueba la flexibilidad laboral

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El regreso a clases no sólo modifica las rutinas familiares: también impacta directamente en la movilidad de los trabajadores. En México, 73% de las personas empleadas reporta un incremento en su tiempo de traslado hacia el trabajo durante este periodo, de acuerdo con una encuesta de Buk.

El efecto no es menor. Para 17% de los trabajadores, el regreso a las escuelas representa hasta 15 minutos adicionales de traslado; para 32%, el aumento llega a 30 minutos, mientras que 16% enfrenta entre media hora y una hora más de recorrido.

El fenómeno vuelve a colocar sobre la mesa la necesidad de contar con esquemas laborales capaces de responder a las responsabilidades familiares y a las condiciones de movilidad de los colaboradores.

En entrevista con El Economista, Jacinta Girardi, investigadora del área de Research de Buk, señaló que se trata de una situación previsible que, pese a repetirse cada año, continúa representando un reto para las organizaciones.

La especialista destacó que el teletrabajo y los horarios flexibles se encuentran entre las alternativas más solicitadas por los trabajadores; sin embargo, existe una brecha entre esta demanda y la capacidad o disposición de las empresas para implementar estos esquemas.

Flexibilidad, una demanda que trasciende a los padres

La necesidad de flexibilidad adquiere especial relevancia entre quienes tienen responsabilidades de cuidado. 85% de los trabajadores considera que las empresas deberían ofrecer condiciones flexibles para colaboradores con hijos, según la encuesta.

No obstante, sólo 56% considera que la cultura de su organización facilita la conciliación entre el trabajo y la vida familiar durante el regreso a clases.

Para Girardi, el desafío no se limita a la posibilidad operativa de implementar trabajo remoto o modificar horarios. También existe un componente cultural que puede dificultar la adopción de modelos flexibles, particularmente ante el regreso de las empresas a esquemas más presenciales después de la pandemia.

Esta falta de flexibilidad puede convertirse además en un factor que dificulte la permanencia del talento, especialmente entre las personas que enfrentan una mayor carga de responsabilidades de cuidado.

Una oportunidad para anticiparse

El regreso a clases también muestra que la flexibilidad laboral no necesariamente debe plantearse como una solución improvisada ante una contingencia. Al tratarse de un fenómeno que ocurre cada año, las empresas tienen la posibilidad de anticipar necesidades, planificar calendarios y establecer acuerdos con sus colaboradores con mayor previsión.

Además, la percepción de estas medidas no parece generar una división entre trabajadores con y sin hijos. De acuerdo con Girardi, los colaboradores que no tienen hijos tampoco perciben los acuerdos de flexibilidad como una competencia por beneficios.

Esto abre la puerta para que las organizaciones diseñen políticas que atiendan distintas necesidades de su fuerza laboral y no únicamente situaciones relacionadas con la maternidad o paternidad.

Más allá del regreso a clases, la movilidad y las responsabilidades familiares son factores que forman parte de la vida cotidiana de los trabajadores durante todo el año. Por ello, este periodo funciona como un termómetro de la capacidad de las empresas para conciliar productividad, presencialidad y bienestar.

La conclusión para las organizaciones es clara: si el regreso a clases ocurre cada año, también debería hacerlo la planeación laboral que permita enfrentarlo. La flexibilidad puede dejar de ser una respuesta temporal y convertirse en parte de una estrategia permanente de gestión del talento.

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