JARED LAURELES
Crimen organizado frena independencia sindical: informe
México reformó su sistema de justicia laboral para fortalecer la libertad y la democracia sindical, pero ejercer estos derechos puede convertir a los trabajadores y activistas gremiales en blanco de represalias que van desde despidos y hostigamiento hasta amenazas, agresiones y, en los casos más graves, la intervención de grupos criminales.
Así lo advierte un informe de la Casa del Obrero Socialista Antonio Vital (Cosav) y la fundación del sindicato metalúrgico Steelworkers, en el que documentan seis casos en sectores como el automotor, manufacturero, transporte, hulero y minero, donde –subraya– las agresiones contra defensores de derechos laborales no son hechos aislados, sino que presentan un “patrón estructural de violencia” que evidencia que el sindicalismo de protección patronal “persiste con fuerza”, a pesar de la reforma laboral de 2019.
En esta dinámica, detalla, confluyen al menos tres actores: empresas que buscan mantener el control de las relaciones laborales con sindicatos “charros o blancos”; autoridades que, “por tolerancia u omisión”, no garantizan la integridad y derechos de los trabajadores, y grupos vinculados a la delincuencia organizada que recurren a la violencia y la fuerza armada para frenar la organización sindical independiente.
Autoridades minimizan los riesgos para los trabajadores
En el informe La invisibilidad del sindicalismo en la agenda de derechos, la Cosav y Steelworkers señalan que frente a estos riesgos, las autoridades de los tres niveles de gobierno argumentan que se trata de controversias laborales entre particulares o hechos delictivos aislados, lo que ha obligado a los trabajadores a recurrir al mecanismo laboral del T-MEC.
Hortensia Escobar, integrante de Cosav, apunta que uno de los casos más graves es el de la mina Camino Rojo, en Zacatecas –sobre el cual La Jornada ha informado puntualmente–, cuya propietaria Orla Mining fue acusada de utilizar al crimen organizado para presionar a sus trabajadores a desertar del Sindicato Nacional Minero, concluyó el panel laboral del T-MEC.
Además, los casos de la llantera Tornel, en el estado de México, donde trabajadores fueron objeto de un ataque armado, así como de una proveedora de Hyundai, en Tijuana, y Manufacturas VU, en Coahuila, muestran que las agresiones pueden escalar del hostigamiento y las campañas de desprestigio a los despidos, la criminalización y la presunta intervención de grupos de choque o de la delincuencia organizada, incluso fuera de los centros laborales, como en espacios públicos, redes sociales, comunidades y domicilios, con afectaciones a la integridad física y emocional.
Escobar explica que en el informe plantean crear un mecanismo de protección para sindicalistas y que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos los reconozca como defensores de las garantías fundamentales y fortalezca la investigación de estos casos, solicite medidas cautelares ante riesgos a su integridad y emita recomendaciones para identificar y combatir los patrones estructurales de violencia.
*English version
Attacks against union leaders form a “structural pattern of violence”
JARED LAURELES
Organized Crime Hinders Union Independence: Report
Mexico reformed its labor justice system to strengthen freedom and democracy within unions, but exercising these rights can make workers and union activists targets of reprisals ranging from dismissals and harassment to threats, attacks, and, in the most serious cases, the involvement of criminal groups.
This is the warning issued in a report by the Antonio Vital Socialist Workers’ House (COSAV) and the Steelworkers’ Union Foundation, which documents six cases in sectors such as automotive, manufacturing, transportation, rubber, and mining. The report emphasizes that attacks against labor rights defenders are not isolated incidents, but rather present a “structural pattern of violence” demonstrating that employer-protection unionism “persists strongly,” despite the 2019 labor reform.
In this dynamic, the report details, at least three actors converge: companies seeking to maintain control of labor relations with “corrupt” or “company” unions; authorities who, “through tolerance or omission,” fail to guarantee the safety and rights of workers; and groups linked to organized crime that resort to violence and armed force to suppress independent union organizing.
Authorities downplay risks to workers
In the report “The Invisibility of Unionism on the Rights Agenda,” Cosav and Steelworkers point out that, faced with these risks, authorities at all three levels of government argue that these are labor disputes between private parties or isolated criminal acts, forcing workers to resort to the labor mechanisms of the USMCA.
Hortensia Escobar, a member of Cosav, notes that one of the most serious cases is that of the Camino Rojo mine in Zacatecas—which La Jornada has reported on extensively—whose owner, Orla Mining, was accused of using organized crime to pressure its workers to leave the National Mining Union, the USMCA labor panel concluded.
Furthermore, the cases of the Tornel tire factory in the State of Mexico, where workers were the target of an armed attack, as well as those involving a Hyundai supplier in Tijuana and Manufacturas VU in Coahuila, demonstrate that aggression can escalate from harassment and smear campaigns to dismissals, criminalization, and the alleged involvement of shock troops or organized crime, even outside of workplaces, such as in public spaces, social media, communities, and homes, with consequences for physical and emotional well-being.
Escobar explains that the report proposes creating a protection mechanism for union members and that the National Human Rights Commission recognize them as defenders of fundamental rights, strengthen the investigation of these cases, request precautionary measures in the face of risks to their safety, and issue recommendations to identify and combat structural patterns of violence.

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