Para mitigar los efectos en los costos laborales se incluyeron tres medidas en la legislación. La primera consiste en que la reducción de la jornada laboral se adoptará de forma progresiva, al reducirse dos horas anuales entre 2026 y 2030. Esto sigue la tendencia de Colombia y Chile, donde la reducción de la jornada laboral también se implementa de forma gradual, aunque con un alcance más moderado. En Chile pasó de 45 a 40 horas y en Colombia de 48 a 42. Ambos países concluirán sus procesos este año.
La segunda medida consta de ampliar las horas máximas de trabajo extraordinario de 9 a 12 horas, donde el empleador deberá pagar el equivalente a 200% del salario ordinario. Actualmente, la Ley Federal del Trabajo estipula que las jornadas extraordinarias no podrán exceder 3 horas diarias y 3 días laborables por semana, esto deberá ajustarse para incorporar el nuevo umbral máximo.
Finalmente, la ley mantendrá seis días laborables y uno de descanso obligatorio, es decir, cuando se llegue a la jornada de 40 horas, estas podrán dividirse en 6 o 7 días, sin que se garanticen dos días obligatorios de descanso.
Se espera que el impacto de la reforma sea mayor en los sectores que por sus dinámicas particulares, operan con tres turnos de ocho horas o los servicios que operan 24 horas. En términos generales, la reforma potencialmente elevará los costos laborales unitarios, lo que puede desincentivar la formalidad, especialmente en sectores que ya operan con altos niveles de informalidad, como el comercio o los servicios.
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La reforma contempla una reducción de 16.7% la jornada laboral máxima, lo que implica que, manteniendo todos los demás factores constantes, se podría requerir 20% más empleados para mantener el mismo nivel de producción. Este cálculo no considera posibles mejoras en productividad derivadas de inversión en tecnología y automatización, que podrían atenuar parcialmente dicho efecto. Para las industrias que operan con tres turnos, el impacto puede ser mayor por la necesidad de mantener cada turno con personal por ocho horas.
Actualmente, México es uno de los países de la OCDE con mayor número de horas trabajadas al año por trabajador (2,207 horas), una cifra 27% por encima del promedio de estas economías (1,740 horas), y menor productividad por hora trabajada (25 dólares por hora). Por ello, cualquier estrategia orientada a reducir la jornada laboral debe ir acompañada de políticas que impulsen la productividad —como inversión en tecnología, capacitación dentro y fuera del lugar de trabajo— para equilibrar la relación entre tiempo laborado y valor generado, especialmente en un contexto de débil dinamismo del empleo formal, considerando que en enero de 2026 se crearon solo 59,417 puestos registrados, sin incluir plataformas digitales. |
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¿Cómo se comparan los esfuerzos de otros países para reducir la jornada laboral frente a México?
Al analizar el promedio de horas anuales trabajadas por trabajador entre 2003 y 2023, se observa que, mientras la mayoría de los países ha logrado reducir su número de horas, en nuestro país ocurrió lo contrario. Lejos de acortar las jornadas, México es uno de los tres países de la OCDE que han incrementado las horas trabajadas y, además, el que registra el mayor aumento: 64 horas adicionales al año respecto a 2003, sin que ello se refleje en mayores ganancias de productividad.
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